
Un retiro para mujeres que aman profundamente a sus hijos, pero que sospechan que en algún lugar del camino se dejaron para después.
No se trata de elegir entre ser mujer o ser mamá. Se trata de recordar que siempre fuimos ambas.
Hubo un momento de mi vida en el que dejé de llamarme Ana María para, únicamente, escuchar “mamá”.
No porque alguien me lo pidiera. Lo hice por amor. Porque creí que eso era lo correcto. Porque pensé que una buena madre se entrega por completo. Que primero están los hijos. Después los hijos. Y luego, si queda algo de tiempo, de energía o de vida, una misma.
Durante años fui construyendo la versión de la supermamá. La que siempre estaba disponible. La que podía con todo. La que abandonó partes de sí misma para sostener a los demás.
“Recordé que antes de ser mamá, había sido una mujer. Me dolió.
Y un día, casi sin previo aviso, recordé quién había sido antes. Recordé a la mujer soñadora que tenía planes propios. A la amiga que acompañaba sin cansarse. A la esposa que imaginaba una historia de amor llena de complicidad. A la mujer curiosa, apasionada, creativa, libre.
Entendí que en el camino no me había perdido por falta de amor hacia mis hijas. Me había perdido precisamente por amor. Pero también comprendí que una mujer que se abandona a sí misma termina viviendo una vida cada vez más pequeña, con la sensación de hacer sin parar, sin estar realmente ahí.
Entonces hice una promesa. Volver a encontrarme. Recuperar las partes de mí que habían quedado escondidas bajo las responsabilidades, las exigencias y las expectativas.
Y en esa búsqueda encontré herramientas, preguntas, conversaciones y estructuras que transformaron mi manera de vivir. Descubrí que priorizarme no significaba abandonar a mis hijas. Descubrí que cuidarme no me convertía en una peor madre. Descubrí que una mujer puede honrar profundamente su maternidad sin desaparecer dentro de ella.
Un retiro diseñado para mujeres que aman profundamente a sus hijos, pero que sospechan que en algún lugar del camino se dejaron para después.
Miraremos las heridas que siguen gobernando silenciosamente nuestra vida, con honestidad y con ternura.
Exploraremos las amenazas que nos mantienen en modo supervivencia y las estrategias que creamos para sentirnos seguras, aceptadas o suficientes.
Miraremos con ternura a nuestra niña interior y aprenderemos a escuchar aquello que aún necesita de nosotras.
Porque no queremos salir únicamente con conciencia. Queremos salir con un camino.
Un plan claro, amoroso y realista para volver a ocupar un lugar importante dentro de nuestra propia vida. Para dejar de ser la última prioridad de nuestra agenda. Para aprender a cuidarnos sin culpa. Para florecer sin abandonar a quienes amamos.
Nuestros hijos no necesitan una madre que desaparezca por ellos.
Necesitan una mujer que también sepa amarse.
Déjanos tus datos y te contactaremos con toda la información para asegurar tu cupo.
Tus datos están seguros. Solo los usaremos para darte información del retiro.